TESTIMONIOS

Este espacio está dedicado a los testimonios de los miembros de la confraternidad. Si querés podés mandar tu experiencia por email a: esperanzaediciones@naranon.org.ar y podrá ser usado para publicarlo tanto en la web como en ediciones impresas de Nar-Anon y de esta manera podremos pasar el mensaje de esperanza a los familiares y amigos de adictos a las drogas.

GRACIAS A TODOS POR SU COLABORACIÓN EN LOS DIFERENTES SERVICIOS. CON EL APOYO DE TODOS LOS MIEMBROS DE LA CONFRATERNIDAD NAR ANON PODEMOS HACER ESTO POSIBLE.

Temerosa de Vivir
Durante mucho tiempo me sentí culpable de desear reírme o participar en fiestas, o simplemente de sentirme amada o deseada.
Separo los años de mi vida en tres capítulos:
Mi niñez, con la adicción de mi padre.
Mi juventud, con la adicción de mi pareja.
Y el tercer capítulo: la adicción de mis dos amados hijos.
A partir del inmenso dolor que me causó la adicción de mis dos hijos cerré las puertas a todos los proyectos de mi vida y a mis sentimientos. Dejé de soñar, a pesar de que me gustan tanto los cuentos de hadas con finales felices.
Así llegué a Nar-Anon: temerosa de vivir. Mi terquedad y falta de humildad hicieron que me costara mucho aceptar que mi vida era ingobernable y que solo un Poder Superior podía devolverme el sano juicio.
Qué ironía… yo creía que lo sabía todo. ¿Por qué pensar que necesitaba ayuda?
Hoy tengo un nuevo capítulo en mi vida: ¡mi recuperación! Sé que puedo seguir viviendo a pesar del dolor.
Pude reencontrarme, había olvidado lo buena persona que era.

Fuente: Boletín Esperanza, ejemplar 8, año 2013.

NAR-ANON
Desde la ignorancia de la enfermedad negamos y hacemos cosas para taparla. Sufrimos en silencio, lloramos con nuestra almohada como testigo sin saber qué hacer. A veces gritamos enojados. Impotentes ante la manifestación de la enfermedad nos respondemos “ya va a pasar”, como si fuera un simple dolor de cabeza. “La verdad es que es un chico bueno, si no fuera por las juntas…” “no te acerques a eso”, “ya vas a entender cuando te cases”, “cuando tengas un hijo vas a saber lo que es sufrir por él”.
No nos damos cuenta que estamos haciendo una premonición de sufrimientos, como si ya no fuera suficiente con el que está soportando. Así pensamos los padres y de este modo se fertiliza la enfermedad, crece y sonríe triunfante al vernos atrapados en sus garras e infinitas maneras de manifestarse.
La desesperación nos llevo a Nar-Anon. “Queremos ayuda para nuestro hijo” fueron las primeras palabras que pronunciamos. “El programa es para ustedes”, fue la respuesta. “Ah, pero nosotros estamos sanos”. Nos hablaron de la enfermedad, explicaron que lo primero que hace es confundir al grupo familiar, que el consumidor tiene una alergia física y una obsesión mental por consumir y nosotros la obsesión por controlar, justificar, negar y tapar al hacernos cargo de las consecuencias en donde la ganadora es la enfermedad.
LA SUGERENCIA fue: grupo más grupo, leer literatura, escuchar. Lo que más ayuda es la experiencia de otros, saber cómo hicieron para convivir con la enfermedad, no lo que hace el adicto. Esto lo sabemos, todos son útiles, el sabio es el programa, aunque la estrella de esta escena es la APLICACIÓN del programa.
Así lo entendimos y esto nos permitió vernos a nosotros. Nos dimos cuenta que fuimos cómplices de la enfermedad. Cómplices porque nos centramos solo en ella y olvidamos a otros integrantes de la familia que son dignos de nuestro respeto y reconocimiento. Somos capaces de amarnos y amar, pero si no nos asomamos a nosotros ¿a quién podemos amar?
No somos jueces para juzgar ninguna situación, la ayuda consiste en amor saludable. Debemos evitar tanto ciertas actitudes como la justificación y la complicidad. Por todo esto y mucho más, solo por hoy agradecemos al PROGRAMA por habernos brindado una filosofía de vida diferente y por haber comprendido. Al quedarnos en Nar-Anon sentimos una verdadera bendición.

Fuente: Boletín Esperanza, ejemplar 8, año 2013.

Enlace de lemas
Me invitan a escribir un testimonio. Hazlo con calma, pienso. ¿Qué podría yo aportar, cuando llegué hace poco tiempo? Mantenlo simple. Bien, no voy a enredarme con la exigencia que ha dominado mi vida, Primero las cosas más importantes. Lo fundamental entonces es decir gracias, muchas gracias al grupo por encender la luz en la oscuridad de mi confusión. Y ¿Cuán importante es? Mucho, porque Una actitud de gratitud es consecuencia de reconocer que Ya no estás solo, y que Anteponer los principios a las personalidadeses un saludable ejercicio de amor que permite sentir unión aún con aquel que es profundamente diferente. Piensa, me digo. ¿Debería escribir algo más trascendente? Otra vez mi soberbia está haciendo de las suyas, busco impresionar a un lector imaginario y caigo en la trampa de siempre. Escucha y aprende, Sigue viniendo, sugiere el compañero que me recibe la primera vez. Como es más fácil oír a los demás que a mí misma, me digo una y otra vez Ocúpate de tus propios asuntos, frase que repito como un mantra ya que controlar las acciones de otro e indagar sobre sus emociones y decisiones es una ruta que no me llevó a buen puerto. Que empiece por mí entonces, tanto el cuidado de mi persona como la modificación de conductas que deploro en los demás y no son más que reflejo de aquellas mías que rechazo y niego. Sólo por hoy quisiera comprender el sentido de Desprenderme con amor, pero me cuesta discriminarlo de la furia, la ira que a veces me gobierna. Doy pequeños pasos que me devuelven alegría y una sensación de eje o centro, pero vuelvo a perderme. Reconozco así Progreso, no perfección. Cuando en medio de una crisis busco apoyo, la voz de una compañera al teléfono sugiere Mantén la mente receptiva, Vive y deja vivir. El programa es sabio y a través de un miembro antiguo responde de modo que parece mágico. Cuando la crisis pasa y compruebo que las nuevas herramientas abren posibilidades desconocidas agradezco una vez más y ruego que por Un día a la vez de todos los que restande este tránsito, mi conciencia no deje de recordarme Suelta las riendas y entrégaselas a Dios, expresión que me llena de alivio y disipa con su abrazo toda desconfianza y miedo.

Fuente: Boletín Esperanza, ejemplar 8, año 2013.





 

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